miércoles, 8 de octubre de 2008

CRISIS POSTVACACIONAL


Llevamos unas largas semanas en las que junto al despertador nos encontramos en la mesita de noche con información y opinión sobre la Crisis que aterriza en el mapa global, siguiendo el orden de las agujas del reloj. Desde América con las hipotecas subprime a Europa con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Los más curiosos tratamos de informarnos sobre el significado económico, por encima del modesto conocimiento del ciudadano de a pié, de “hipotecas subprime” caracterizadas por tener un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos, de “burbuja inmobiliaria”, que aparece cuando se produce un crecimiento artificial (sobrevalorado) del precio de la vivienda –normalmente, por alza de la demanda-, y “el pinchazo de la burbuja”, que llega cuando el propietario se ve obligado a vender el inmueble a precio más barato del de adquisición, ante el temor de perder todo su valor y no tener otra fortuna que el valor inmobiliario.

Si no fuera por la trascendencia de este asunto, al igual que otros años, por estas fechas, volveríamos a los temas habituales, como el síndrome postvacacional; a soportar a nuestro compañero de trabajo su poderío en la reciente vacación estival con exhibición fotográfica y promesa de una merienda familiar videográfica; a la renovación del ropero familiar; a la búsqueda de la tarjeta del “Corte Inglés” para anestesiar nuestra economía mensual; a la vuelta de los más jóvenes a Escuelas, Colegios, Institutos y Universidades en forma escalonada; al reajuste de nuestros relojes al horario de invierno; a la queja doméstica por el inicio del curso académico; a la invasión en el kiosco de coleccionables junto a la prensa; al regreso de nuestros políticos a las Cámaras después de unas excesivas vacaciones; a la apertura del Año Judicial; al anuncio de las nuevas parrillas de radio y televisión y, en el terreno local, al “sacramento político” de la Confirmación de nuestros ediles locales en sus promesas electorales, que estuvieron abandonadas desde finales de junio, e ilusionándonos al pensar que ya no tropezaremos en el bache de la esquina.

¡Pero no! Este año no está siendo así; la crisis está teniendo un calado social que invade no sólo tertulias y editoriales mediáticos, sino que también pone nerviosos los sillones de nuestros políticos (tal vez no sea casual el abandono del dirigente de Izquierda Unida, el licenciado en medicina por Cuba), y es comidilla de consumo en mercados y comercios, que no salen de su asombro, el comentario sobre el cierre de los locales vecinos, otros años bulliciosos en esta época, y la inundación de carteles anunciadores de un repetitivo “Se Vende” y “Se Alquila” junto a otros más optimistas en los se oferta “Se traspasa”.

Encima, o por consecuencia, resulta que el mercado laboral sigue tan catastrófico camino como la senda del menudeo comercial. La crisis económica se ha cobrado ya sus primeras víctimas en la industria automovilística, tras hacerlo en el sector inmobiliario y en el transporte aéreo. Firmas emblemáticas del automóvil anuncian recortes en la producción a causa de la desaceleración económica al haberse visto afectadas las ventas en los principales mercados. Se anuncian días de paro técnico y otros de vacaciones colectivas para ajustar la producción a la demanda y firmas como Ford, General Motors se planteen recortes de plantilla, en España.

Y, por hoy, no voy a seguir -no vayan a cortar la electricidad- porque me avisan que las noticias están hablando de un crack bursátil que, como un huracán, atraviesa el Atlántico hacia Europa. Cuando tenga noticias fieles sobre la situación proseguiré mi soliloquio.