miércoles, 31 de diciembre de 2008

LAS DOS ÚLTIMAS UVAS DEL AÑO


Dos noticias parecen cerrar este Año 2008, tan cargado de ellas como denso en sus contenidos.  

De una parte, la presentación en sociedad del nuevo sistema de financiación de las Comunidades Autónomas que el Ministro de nuestros Euros ha apadrinado el día 30 de diciembre. 

Este acontecimiento aunque hay división de opiniones sobre si su música “les suena” bien o mal, otros esperan “las siguientes notas y la letra”, y a la mayoría “les suena a sardana”. 

Algunos, por aquello de celebrar las Navidades, le atribuyen el estilo de “Música de Villancico”, aunque si a San José “se le han roto los calzones” no saben si María tendrá costurero para remendarlos. Pero no queda ahí la cosa, porque los más entendidos creen ver en el proyecto la “Sinfonía inacabada”, tal vez por recuerdo a Schubert, quien en su 8ª Sinfonía se introduce en el romanticismo pero no va más allá de su segundo movimiento. En el entorno de los críticos musicales, también hay quien pide al Ministro que tome como referencia el “Concierto” navarro, pero éste cambia la conversación para recordar la última vez que presenció en el Teatro Gayarre “El Zapateado” de Sarasate. 

En fin, que mientras “la música que suena va afinando”, se oyen voces pidiendo “café para todos”, no sabiendo al final si nos encontramos en el foro de un Teatro o sumergidos en el ambiente impresionista de un Café cantante. 

De otra parte, también está siendo noticia la entrada en vigor, a partir del 29 de diciembre de la Disposición Adicional Séptima de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra civil y la Dictadura (conocida como “Ley de la Memoria Histórica”, que se ha vulgarizado como “Ley de los Nietos de la Memoria Histórica” o “Ley de la Memoria Histórica de los Nietos”, según se mire). 

Por la aplicación de la Disposición Adicional Séptima de la “Ley de Nietos”, los descendientes de emigrantes españoles en general, y los hijos y nietos de exiliados en particular, podrán obtener la nacionalidad española sin necesidad de que sus progenitores hubieran nacido en España, tal y como hasta ahora se exigía. 

El Grupo Socialista introdujo esta Disposición Adicional en la Ley 52/2007, a través de una enmienda transaccional, acordada con IU-ICV y asumida por CiU, PNV, ERC, Coalición Canaria y el Grupo Mixto, con el rechazo del Partido Popular, ante su presentación súbita en la Cámara, con omisión de la “cortesía parlamentaria” de haberles dado conocimiento previo para su estudio. 

"La presente ley amplía la posibilidad de adquisición de la nacionalidad española a los descendientes hasta el primer grado (hijos) de quienes hubiesen sido originariamente españoles (nacidos en España o hijos de nacidos en España que emigraron o se exiliaron)", fue la explicación que acompañó a la Enmienda. 

De esta manera, en la misma ley se da satisfacción tanto a los emigrantes como a los exiliados pues como diría el portavoz socialista, Diego López Garrido, sus destinatarios lo son por la Guerra Civil y la dictadura, "ya fuera por exilio político o por la situación de pobreza y miseria" que provocó la dictadura. 

Esta medida, que arrastra un enorme significado político, social y emotivo, puede afectar a un millón de personas, según estimaciones del Gobierno. La mayoría de ellas residen en Francia y en países de América Latina (Argentina, Uruguay, Cuba, Chile, Venezuela y México). 

Su trascendencia política, aunque sin hacer exhibición de ella, no ha sido ignorada desde la calle Ferraz de Madrid. En un millón de españoles más se traduce el incremento de esa cifra en el censo electoral de residentes en el exterior. Ello unido a que suele ser habitual que el partido del Gobierno sea siempre el más votado entre los emigrantes y que, además, estos emigrantes sean, mayoritariamente, de origen republicano, la adivinanza sobre su intencionalidad y autoría es infantil. “No hace falta ser el caballito blanco de don Simón para adivinar el color”. 

Su importancia social también es trascendente, ya que el incremento del número de nacionales en el marco español, abre nuestra población –rica en derechos sociales frente a la mayoría de los países de origen- y el mercado laboral –eludiendo posibles frenos a la inmigración no solo española sino también con trascendencia comunitaria. 

Pero lo anterior son apuntes objetivos sobre los que mucho pueden decir politólogos, sociólogos y economistas, a los que dejo como mejores comentaristas; yo prefiero centrarme en el aspecto emotivo de la medida que, para mí, es enternecedor, más todavía en el marco de las fiestas navideñas que estamos celebrando estos días. 

Los que ya hemos superado con creces el paso del ecuador de nuestras vidas y en nuestros rostros se apuntan surcos sobre la piel que ya ha perdido aquella lozanía vivaz que era la mejor máscara bajo la que escondíamos nuestros proyectos de vida, vemos cómo, de forma natural, hemos contribuido a un incremento, en forma de pirámide invertida, de la población española. A nuestros nietos hemos trasladado nuestras ilusiones y a través de ellos recuperamos la inocencia, haciéndonos niños para que nos admitan a jugar con ellos. 

Por ello emociona que compañeros de los hijos de nuestros hijos, allá donde se encuentren y tras sellar un borrado definitivo de la memoria histórica en el corazón de los padres de estos, así como en el de todos los abuelos que, en gran parte, ya están disfrutando de la carta de ciudadanía definitiva allá para donde Dios haya querido dictar no una sino hasta setenta veces siete Disposiciones Adicionales a su Juicio Supremo, alcancen el sueño de ser españoles en razón a que algún ascendiente suyo lo fue, por mucho que el devenir de los tiempos hiciera desprender su rama del tronco de donde nunca debió troncharse. 

Me gustaría que todos los descendientes del exilio y redimidos de la emigración volvieran a nuestros pueblos y ciudades atraídos no sólo por una participación política y solución laboral sino para que convivieran con los que nos quedamos y participaran en la tarea común de engrandecer nuestro suelo y que sus nietos convivieran con los nuestros, participaran en juegos y jolgorios infantiles. 

Me gustaría que los mayores olvidaran aquellas lágrimas que corrieron cuando lo que más querían “atrás lo iban dejando” y que de sus ojos corrieran lágrimas dulces y que de su pecho sacaran ese “estandarte con los colores de España” que se llevaron a tierras extrañas. 

También me gustaría que, como en Nueva York lo hiciera Concha Piquer, fuera aquí donde aquel vino que se bebió lejos de España, sirviera para brindar en una noche de emoción “la Nochebuena más buena que soñar pudo un español”.

martes, 9 de diciembre de 2008

EL PRIMER PUENTE DE DICIEMBRE´2008

El primer puente de Diciembre´2008 ha abierto tantos ojos como locuacidad ha despertado en nuestros políticos.

Y es que para quienes saltaron del viernes, día 5, hasta el martes, día 9 de diciembre hubieron de abrir cuando menos cuatro ojos al puente que con más justicia atiende a los gustos y a las ideologías de nuestra sociedad; para unos, es el de La Constitución y para otros el de La Inmaculada.

Los educandos en estudios de Ciudadanía tuvieron un tema de 169 artículos, 4 Disposiciones Adicionales, 9 Disposiciones Transitorias, 1 Disposición derogatoria y 1 Disposición final.

Los de inclinación religiosa se unieron a las plegarias de Benedicto XVI en la plaza de España, en Roma, ante el monumento de la Inmaculada Concepción, quien  tras ofrecer a la Virgen un gran cesto de rosas blancas,  expresó su preocupación por las víctimas de la crisis económica, «por los inmigrantes a los que les cuesta adaptarse, por las familias que tienen problemas para cuadrar el balance y por las personas que no encuentran trabajo o han perdido un empleo indispensable para salir adelante».

Nuestros políticos, precedidos por el corte robado de Rajoy calificando de “coñazo” al acto del Desfile de nuestras Fuerzas Armadas el pasado 12 de octubre, al que siguió el también robado “hijos de puta” de Bono para referirse a sus compañeros de partido que no apoyaban la iniciativa de homenajear la vida de la Madre Maravillas en los aledaños del Palacio de Los Leones en noviembre siguiente, pasando por la pregunta del Alcalde de Getafe y Presidente de la Federación Española de Municipios, Pedro Castro, a micrófono abierto: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?” al inicio del Puente, ha tenido su remate el 8 de diciembre con motivo de una parodia en la que se enterraba la Constitución que estaban celebrando el resto de los españoles, lanzando el grito “Viva la República, Muerte al Borbón”, el independentista catalán Joan Tardá.

Como podemos observar, desde la tercera autoridad de la nación española, en vertical, hasta cubrir el arco político parlamentario, en horizontal, últimamente se ha dado cita en el foro público todo un modelo a  seguir por nuestra muy deteriorada educación nacional.

Es cierto que “favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable” es un sano propósito que compartimos con el Real Decreto 1631/2006, por el que se aprobó por el Parlamento Español la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, diseñada para el último ciclo de la Educación Primaria y toda la Secundaria en España, aunque no sé si una clase política como la actual es la más apropiada para redactar el manual de la asignatura.

lunes, 1 de diciembre de 2008

DICIEMBRE, MES DE PUENTES


En la década de los cuarenta, del pasado siglo, fecha a la que alcanza mi memoria, no existían más puentes que las construcciones arquitectónicas que servían para acercar dos orillas, cuyos arcos dejaban abiertos uno o varios ojos, entre los que normalmente discurría el agua.

El uso de la electricidad, amplió dicho término a la conexión con la que se establece la continuidad de un circuito eléctrico interrumpido y se generalizó en las conversaciones habituales al referirnos a esta conexión, en forma artesanal, para arrancar un automóvil cuando era olvidada la llave de contacto (“tuve que hacer un puente para arrancar”), lo que ofreció no pocas oportunidades a la picaresca profesional de los amigos de lo ajeno en la vía pública.

También entonces, era usado el término, generalmente por nuestros mayores, para referirse a los engarces que usan los dentistas para sujetar en los dientes naturales los artificiales y  a la pieza central de la montura de las gafas que une los dos cristales.

Hubieron de pasar algunos años desde que en los años 50-60, al iniciar un baile entre adolescentes desconocidos, como motivo de conversación, la joven interrumpía el encanto del contacto entre las manos y la aproximación de los cuerpos con el curioso e interesado “¿Estudias o trabajas?”.

Por entonces se generalizó la conocida como “semana inglesa”, en la que no se trabajaba ni se escolarizaba a los estudiantes el día del sábado, y como si de un ejercicio se tratara preguntábamos “¿haces semana inglesa este sábado?”

Cuando el salario mínimo sobrepasó en España las sesenta pesetas diarias es cuando la palabra puente comienza a emplearse para aludir al  “Día o días que entre dos festivos o sumándose a uno festivo se aprovechan para vacación”.

En un principio estos “puentes” comenzaron a ser una “gracia” del empresario o del docente, que también para sí tomaba esta licencia que aprovechaba para emprender viaje, con la familia, a Benidorm o Torremolinos y regresar después de haber descansado dos o tres horas.

Pero tal como sucede con todas la conquistas estudiantiles y laborales, siempre asociadas, cuando brincan de la empresa privada a la pública, se hace necesario socializar las medidas y reglamentarlas.

Así, el horario de la jornada laboral se convierte en pieza tan importante como el salario siendo objeto de estudio de los más avezados sindicalistas activos, en situación de “liberados”.

Las cuarenta horas semanales se reducen a 35, pasando por las 37 y media, con lo que la semana deja de llamarse “inglesa” para ser la jornada laboral española. A continuación se añaden descansos, para lo cual resulta más “decoroso” regular la jornada anual, a la que ir descontando otros días “de libre disposición”, pasando por aquellos funcionariales “seis moscosos”, (en recuerdo del navarro Javier Moscoso, Ministro de la Presidencia en el primer gobierno de Felipe González), naturalmente con descuento también a favor del trabajador del período de vacaciones reglamentarias y días festivos –entre Nacionales y de la Comunidad Autónoma- normalmente tomando como referencia la celebración de los patronazgos correspondientes, con aplicación del Santoral católico.

No pretendo detallar el calendario laboral de España, muy variado ya que las Negociaciones Colectivas de Empresas y de Sectores son las que matizan con detalle las circunstancias de cada trabajador.

He querido historiar, recordando mi vida laboral activa como fuente directa, desde aquellos días “abonables y no abonables”, “recuperables y no recuperables” y esclarecer el asunto de los “celebres puentes” laborales que si bien, en un tiempo fue un privilegio para algunos sectores –públicos- en la actualidad estos se financian con los días de libre disposición que cada trabajador tiene derecho durante el año y aplica a las fechas concretas que le resulten convenientes y faciliten el posible desplazamiento desde sus lugares de trabajo.