jueves, 27 de noviembre de 2008

MADRE MARAVILLAS

Recientemente ha saltado a la actualidad Almudena Grandes que en 1989, publicó su primera obra “Las Edades de Lulú”, novela erótica, que ganó el XI Premio “La sonrisa vertical”. No sé si después de veinte años este galardón sigue obsesionando a esta “Grande de Madrid” como para motivar el desafortunado comentario a propósito de la Madre Maravillas, personaje que ha alcanzado popularidad nacional por su papel en el Circo de la Calle de San Jerónimo, como gladiadora en el hemiciclo de los leones del Congreso.

Esta santa madrileña, descendiente de ilustres moradores de una vivienda que, actualmente, se encuentra anexionada al Palacio del Congreso, profesó, en nuestro tiempo, en la Orden del Carmelo, dedicada a la contemplación, ejerciendo un misticismo que si bien es comprendido, con abstracción de su connotación religiosa, a través de la literatura universal no lo es tanto en la vida práctica de este mundo consumista. Por ello, no dudo que su trayectoria estaría inspirada por el pensamiento del ascetismo español del siglo de oro, personificado en los dos místicos universales Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, a la vez reformadores de la Orden del Carmelo.

La viajera Teresa de Ahumada, en 1575, fundó en la provincia de Jaén, en Beas de Segura, en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, el primer Convento de Carmelitas Descalzas de Andalucía, San José del Salvador, gracias al sufragio de Catalina y María Godinez y Sandoval, naturales de Beas y profesas de la Orden. Su portada barroca  ha sido restaurada recientemente, en 2003. (“Díjome grandes bienes de la tierra, / y con razón / que es Beas muy deleitosa y de buen temple”, todavía se recuerda como la primera impresión de la Santa al pisar por entre ese mar de olivos).

En 1577, el destino llevó a San Juan de la Cruz al Monasterio del Calvario, cerca de unas cuevas y una bonita cascada. El aspecto pálido y fatigado de fray Juan cuando llegó para descansar en el convento antes de dirigirse a su destino sorprendió a las monjas. "Era como un muerto, sólo piel y huesos, tan enjuto exhausto que apenas podía hablar”. Tan cansado, maltrecho y desvalido le veían llegar del viaje, que así decían: “Quien no sabe de penas/ en este valle de dolores/ no sabe de cosas buenas/ no ha gustado de amores/ pues penas es el traje de amadores”.

En este entorno natural y ambiente espiritual, acudía semanalmente al Convento para tomar confesión y dar los sacramentos a las siete primeras monjas del Convento, sorteando el camino a pie (a dos horas de caballo), parando a descansar en la Cruz de los Trabajos, donde está la fuente que “mana y corre”, siendo este paraje al que se atribuye la cuna de sus más importantes escritos místicos. De allí proceden "Las Caudelas", tratadillo destinado a las descalzas de esta villa. Compone el modelo del "Monte de Perfección" siendo su primer trabajo pedagógico, las cinco estrofas del “Cántico Espiritual”, inicia “La subida noche” y escribe sus "Sentencias y Avisos espirituales", siendo algunos de estos incluidos en los "Dichos de Amor y Luz”.

El versículo 32 de los Dichos de Amor, reunidos en Beas, reza: "Déjate mandar, déjate sujetar y despreciar y serás perfecta". De tal guisa eran los cánticos místicos que el carmelita dirigía a las monjas que antecedieron en más de tres siglos a la Madre Maravillas en la profesión, con un lenguaje único en el mundo, lleno de imágenes y metáforas, de difícil transcripción a las lenguas de este siglo, que se ha venido a definir como la Mística Española, que ha resistido el paso del tiempo y es valorado universalmente.

Almudena Grandes ha acudido a la estrofa transcrita para hacer mofa de la Madre Maravillas, hija espiritual de Santa Teresa, con la más abyecta y repugnante intepretación del mensaje.

El pasado 14 de noviembre publicó en El País un artículo que contiene un párrafo que sí es adecuado a un premio a la Maldad Retorcida. “Parece un contrato sadomasoquista, pero es un consejo de la madre Maravillas. ¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos? En 1974, al morir en su cama, recordaría con placer inefable aquel intenso desprecio, fuente de la suprema perfección”.

El ubetense Antonio Muñoz Molina, por cierto muy próximo a Beas de Segura, ha sintetizado la opinión de toda la intelectualidad española frente a la bazofia vertida por Almudena. Personalmente, me uno al comentario de Jorge Trías Sagnier en el ABC el día 30 de noviembre y me pregunto si estamos ante un movimiento pornolaicista o simplemente que  a Almudena le ha gastado una mala pasada el ordenador y ha “copiado/pegado” sin querer algún pensamiento de Lulú, la de la sonrisa torcida.