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Con este título, el 8 de noviembre, Boabdil publicó este Comentario. http://www.tribunadenavarra.com
El pasado día 3 de noviembre, la Iglesia Católica asignaba la presidencia del día al Santo peruano Martín de Porres (1579-1639), cuya vida fue un ejemplo de amor a los pobres, de trabajo silencioso en las más humildes tareas del Convento de los Dominicos en Lima, asombrando por sus dotes de profecía, éxtasis y bilocación, quien desde su profesión de barbero curó innumerables enfermos desahuciados, extendiendo su amabilidad hasta los animales, al estilo de San Francisco de Asís o de San Antonio de Padua.
En su currículum cuenta con un sinnúmero de titulaciones, que amparan las causas más nobles, tales como las de Patrono de los Enfermos, de los Barberos, de los Barrenderos, de la intercesión de los animales y, en Estados Unidos, entre otros países, se le atribuyó el patronazgo espiritual de las obras que promueven la armonía entre las razas y la justicia interracial.
La vida de este mulato, hijo no reconocido (entonces, ilegítimo) de un hidalgo español y una mujer negra fue llevada al cine en 1961, con el título de "Fray Escoba", de la mano del director Ramón Torrado, siendo interpretado por el cubano René Muñoz (1938-2000), sensibilizando al público español que acudimos a sus representaciones. El 6 de mayo de 1962, fue elevado a los altares por Juan XXIII, como no podía ser de otra manera, cuando vio sobre la mesa la Causa de Beatificación, enmohecida desde el Papado de Gregorio XVI (1836). Fue el primer santo negro de América y también Patrón universal de la Paz.
Por ello, no es de extrañar que el también mulato Barack Hussein Obama, con sus 47 años, el día de San Martín de Porres se haya acordado de que cuatrocientos años antes, este lego -cuadrando la fecha en 1608, a sus 29 años- ya estuviera abogando por una misma causa, y le haya pedido la escoba, con la que a las cinco de la mañana del día 4 (hora española) pudo presentarse en el Grant Park de Chicago como Senador de Illinois para pronunciar su primer discurso como Presidente electo de los Estados Unidos de América, “barriendo” a la candidatura de su adversario Mc Cain, lo que en la jerga electoral americana se conoce como conseguir la Presidencia con un “landslide”.
Es el primer candidato en lograr una victoria tan abrumadora desde que Hill Clinton derrotó a Bob Dole en 1996, con 379 votos electorales frente a 159. Es lo que nosotros llamamos “ganar por goleada”.
Es curiosa la similitud que se ha venido produciendo entre el argot de esta liza y el utilizado en nuestros encuentros de balompié, si también concordamos el acompañamiento de la afición española a su Equipo Nacional en los recientes Campeonatos Mundiales de Fútbol al grito de “Podemos”, con el de los demócratas americanos clamando “Yes we can”
En ninguno de los medios convencionales, ni en los de última generación, he visto que “el bronceado” (en terminología jocosa que quiero interpretar exenta de mala intención, del presidente italiano; ¡cosas de Berlusconi!) haya dado las gracias a Fray Escoba, por el préstamo de su humilde escoba.
Por ello, desde estas líneas quiero rendir homenaje de gratitud –en nombre del ganador- a este humilde fraile que sufrió en silencio mayores humillaciones, ya que sólo estaba amparado por el también dominico, apologista de los indios americanos, Bartolomé de las Casas (1484-1566), inspirador de una legislación preludio de la abolicionista, de la que ya disfruta nuestro contemporáneo a partir de 1865, con la finalización de la Guerra Civil por aplicación de la Declaración de Emancipación del presidente Abraham Lincoln.
No obstante, como ya hemos dicho, unidos por una misma pigmentación, Fray Escoba ha sido el primer santo negro de América (1962) y Obama el primer presidente negro de los Estados Unidos de América (2008), habiendo podido, quien esto escribe, ser testigo de ambos acontecimientos en momentos de su mejor juventud y en los actuales de su incipiente senectud, aunque todavía no sea tan afortunado como la “niña de Obama”, de 106 años, Ann Nixon Cooper, "nacida apenas una generación después del fin de la esclavitud; en una época en que no había automóviles en los caminos o aviones en los cielos. Cuando una persona no podía votar por dos razones: porque era una mujer, o por el color de su piel".