domingo, 18 de enero de 2009

DIOS VIAJA EN AUTOBÚS

Intencionadamente, redacté mi anterior Comentario en estas páginas a modo de preámbulo –por seguir un orden-, en tanto he dejado transcurrir los acontecimientos, hasta ver el alcance y dimensión de la campaña atea a que me vengo a referir hoy, pues considero que no estamos asistiendo a una serie de noticias que vayan sucediendo por casualidad.

Ya el año pasado, con motivo de la celebración del Corpus Cristi, en Toledo, los Cardenales Antonio María Rouco y Antonio Cañizares, éste último llamado recientemente por Benedicto XVI al Vaticano como Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos (uno de los nueve Dicasterios –Ministerios- de la Curia Romana), manifestaron que existe “una fuerte tentación de declarar la muerte de Dios” y que la Iglesia Católica está soportando “insultos, ofensas y agravios”, en un ambiente de falta de libertad religiosa y de “grandes ataques”, tras las graves mofas a la Virgen que se infirieron con una representación teatral por la calles toledanas, las mismas que al día siguiente se adornaron para ver pasar la solemne procesión del Corpus.

España se está haciendo eco de un movimiento, no ya de laicidad sino de laicismo, como expresión de una doctrina de hostilidad hacia la Iglesia y, por elevación, hacia los más nobles sentimientos que animan lo que de común tienen las iglesias monoteístas; algo que choca con el político eslogan de “Alianza de Civilizaciones” que ha abanderado nuestro Presidente del Gobierno.

Coincidiendo con estas fiestas de Navidad, se ha venido propagando la noticia del lanzamiento en los medios de transporte públicos del Reino Unido de una campaña atea que cuestiona la existencia de Dios: "There´s probably no God. Now stop worrying and enjoy your life". El eslogan, en español, se ha traducido: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida"

Decía que esta campaña se instala en el laicismo como una forma de hostilidad, ya que la enunciación del lema arroja a quienes mantenemos la existencia de Dios a las puertas del psiquiatra, como pacientes de un presunto stress, y del psicólogo para que nos recomiende una terapia ocupacional que combata nuestro enfermizo aburrimiento. 

A través de su difusión, estoy siguiendo con interés esta nueva forma de evidenciar la presencia de  Dios en nuestra vida diaria cuando transitamos por las calles de nuestras principales capitales. Precisamente, en unos momentos convulsos al estarse viviendo por y para la crisis económica que cada día sorprende más a nuestra sociedad, resulta extraño el interés por despertar a Dios, que se encontraba dormido en la Catedral de San Pablo de Londres, llevándolo hacia el cercano edificio de la Bolsa de Valores de Londres para pasearlo en autobuses hacia los Almacenes  Harrods, como si, en estas fechas, estuviera interesado en las rebajas, bajo el patrocinio de la Asociación Humanista Británica (British Humanist Association) que ha invertido más de 140 mil libras (unos 150 mil euros) en decorar sus carrocerías. 

La iniciativa no ha tardado en desembarcar en Barcelona, el pasado día 12, para trasladarse a Madrid, impulsada por la Unión de Ateos y Librepensadores (UAL), para posteriormente trasladarse a Valencia, Bilbao, Sevilla y Zaragoza. 

Después de los españoles y de los británicos, ha llegado el turno a los italianos, que anunciaron una campaña que comenzará el 4 de febrero para denunciar que “Dios no existe”. En Italia, la campaña publicitaria es apadrinada por la Unión de Ateos y Agnósticos Racionalistas (UAAR). Se trata de unos carteles que envolverán los autobuses de Génova, en el norte de Italia, en los que se podrá leer: “La mala noticia es que Dios no existe, la buena, que no le necesitamos”. Se trata de un desafío en la ciudad del Presidente de la Conferencia Episcopal italiana, Cardenal Angelo Bagnasco, como respuesta a la protesta a sus declaraciones "sobre pederastia, homosexualidad y eutanasia" ante  la próxima marcha del Orgullo Gay, prevista para el día 13 de junio, después de la celebración del Día del Corpus.

La semana pasada, el presidente del Consejo Pontificio de la Cultura del Vaticano, el arzobispo italiano Gianfranco Ravasi, tildó este tipo de iniciativas de "carnavalada" y propias de un ateismo "intelectualmente poco serio". 

Pese a la escasa importancia oficial que ha trascendido desde la Ciudad del Vaticano, la “guerra de los buses” ya se ha abierto. Una iglesia evangélica de Madrid ha contratado publicidad en un autobús con el lema “Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo”. La objeción de conciencia también se ha instalado en los autobuses al haber conductores que del mismo modo que se libraron del servicio militar obligatorio, ahora quieren acogerse a la “prestación social sustitutoria”, en forma de ser adscritos a líneas cuya publicidad no las eleve hasta los cielos.

Probablemente Dios debe existir y ha decidido echar una mano a nuestros responsables públicos para dejarles trabajar tranquilos en la elaboración de soluciones a la crisis, mientras los ciudadanos nos encerramos en otra burbuja, ésta de carácter espiritual, meditando sobre la incógnita más vieja de nuestra existencia.