
Aunque últimamente este término se encuentre ampliamente difundido, si queremos reflexionar sobre el mismo dándole el alcance que los políticos y medios de comunicación actuales pretenden, debemos remontarnos al año 1968, en el que con la creación del Club de Roma, se da carta de naturaleza al concepto de sostenibilidad.
Dicho Club nació con la reunión de un centenar de científicos y políticos de treinta países preocupados por el futuro de la humanidad. Aunque todavía no se había producido la caída del muro de Berlín con su repercusión internacional, gran hito de la revolución social de la segunda mitad del siglo XX, la perspicacia de estos observadores hicieron sentir la necesidad de estudiar nuevas formas de conducta, a fin de coordinarlas internacionalmente, para promocionar un nuevo desarrollo de la economía mundial.
No necesitaron dotes de adivinación para advertir del peligro que podía suponer para el desarrollo de la humanidad, la dependencia de una fuente de energía que ya se preveía escasa en el tiempo y muy concentrada geográficamente, así como del deterioro que nuestro planeta venía sufriendo a consecuencia de un imparable consumismo.
La incidencia en estos dos factores, sobradamente conocidos, de otros también importantes, –demográficos, sociales, económicos, geopolíticos y estratégicos- así como la erosión, cada vez más acelerada, de la biodiversidad –vegetal y animal- acuciaron la necesidad de proponer la remoción de los obstáculos que impidiesen promocionar un crecimiento económico estable y sostenible de la humanidad. Así se fueron explorando soluciones políticas, económicas y sociales para alejar al mundo del abismo sobre el que está asomado, que pone en peligro grave el futuro deseable para la sociedad humana y los reinos vegetal y animal.
El término sostenibilidad hace referencia al equilibrio de una especie con los recursos de su entorno. Desde la perspectiva de la prosperidad humana y según el Informe Brundtland de 1987, la sostenibilidad consiste en “satisfacer las necesidades de la actual generación sin sacrificar la capacidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”.
El Club de Roma fue abriendo sus puertas a un sinnúmero de países y personalidades de la ciencia y la política que han ido elaborando diferentes informes-denuncia con propuestas para definir un nuevo orden mundial. Entre ellos destaca la «Advertencia a la humanidad de científicos del mundo», firmada por más de 1.600 científicos, entre ellos 102 premios Nobel de 70 países, en 1992.
El pasado día 9, Berlín ha festejado el 20 aniversario de la caída del Muro; se ha recordado con satisfacción aquella noche del jueves, 9 de noviembre, al viernes, 10 de noviembre, 28 años después de su construcción. En aquella fecha se dio fin a “La Guerra Fría” con la victoria del modelo socioeconómico occidental frente al oriental. En palabras de Walesa "La verdad es que un 50% de la caída del Muro corresponde a Juan Pablo II, 30% a Solidaridad y a Lech Walesa, y sólo 20% al resto del mundo. Ésta es la verdad de esos días”. Sea cual fuere la proporción de autoría en la responsabilidad del acontecimiento lo cierto es que, de momento, pareció vencer el modelo de economía de libre mercado al de intervención. Desde 1989 las tesis socialistas sufrieron 18 años de derrota. Desgraciadamente para todos, en 2007aparecieron los primeros “brotes” de la crisis internacional que estamos soportando en la actualidad y que ha empañado la victoria absoluta del mercado libre, recordando “que no es bueno que el mercado esté solo”, remedando la cita bíblica (Gn 2:18).
Me ha parecido de interés referirme al momento de la reunificación alemana porque 1989 fue la fecha en la que el socialismo mundial quedó descalzo de modelo económico derrumbándose uno de los pilares de su esquema político-social. Y, si bien ya le eran afines líneas ecologistas y corrientes político-filosóficas tales como el ecofeminismo o el ambientalismo, que alimentaban un nuevo arquetipo de economía, ha sido apropiado que el PSOE haya encontrado en su líder al mejor artesano para poner unos zapatos nuevos a nuestra quebrantada economía, que se estremece en una rigurosa crisis invernal.
Su trabajo, en clave de desarrollo sostenible, se ha venido anunciando desde hace meses, y se está presentando, estos días, en el Palacio de San Jerónimo bajo el nombre de Ley de Economía Sostenible. Confiemos, hasta que conozcamos el alcance del desarrollo normativo de su oferta legislativa, en que cuando se desembale el paquete nos encontremos con unos zapatos lustrosos que nos sirvan para caminar, y no sólo para presentárselos a los próximos Reyes Magos, porque así podrá hacer gala de su artesano apellido.