
Para no entrar en lugares comunes de nuestros políticos sólo propongo un momento de reflexión y una oración: Que Dios acoja a un buen hombre al que cambiaron su destino unos asesinos, alivie el dolor de su familia por el sufrimiento que nunca han debido soportar, elimine de compleos al Legislativo para dictar una ley que sea disuasoria de actos como éste y fortaleza al Gobierno para aplicarla, y que nos ayude a todos los españoles a soportar -en paz y democracia- días como el de hoy, porque ¡ya está bien!