
El 25 de enero pasado repasé la noticia de que “más de 200 personas, convocadas por la asociación Europa Laica, asistieron ayer al mayor encuentro laicista del año, en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid”. La finalidad de la convocatoria se resumía en demandar al Gobierno y a quienes ocupan cargos públicos que “salgan del armario”, defendiendo los valores del laicismo y trabajando para eliminar los privilegios de los que goza
Afirmaban estos “activistas del laicismo”, “intelectuales”, “artistas” y “periodistas”, según su propia autodefinición, entre los que figuraban como más conocidos Cayo Lara, Coordinador de Izquierda Unida y Enric Sopena, director de El Plural y polémico tertuliano, que urgía hacer público su llamamiento ante la próxima entrevista entre el Secretario de Estado (número 2 del Vaticano), Cardenal Tarsicio Bertone y el Gobierno de Madrid para “hablar sobre la reforma de
La eliminación de privilegios de
La enunciación de principios, es asumible por cualquier demócrata, y a las propuestas anecdóticas (crucifijos, símbolos, protocolo…) no daría mayor importancia si no fuera por representar la colección de cohetes que, sin embargo, producen en el cielo espectaculares efectos que rompen a modo de traca dejando caer sobre la ciudadanía los cascotes en forma de legislación positiva que afecta a la vida y muerte de las personas, a la organización de la familia, a la formación y educación de los hijos, al reconocimiento del hecho religioso y a la dignidad de la persona humana.
Pese a la coincidencia en los principios, hay una diferencia importante entre el Manifiesto Laicista y el Mensaje que el Cardenal Tarsicio Bertone, revestido de la autoridad religiosa que le otorga el ejercicio de su cargo como Secretario de Estado del Vaticano, pronunció en forma de conferencia el pasado día 5 de febrero bajo el título de “Los Derechos Humanos en el Magisterio de Benedicto XVI”.
Para Bertone,
Por eso, como decía, la afirmación o negación de estos derechos no son susceptibles de tramitación parlamentaria. Porque el derecho a la vida –por ejemplo- es, incluso, preconstitucional, como la definición de matrimonio es cuestión semántica y no legislativa, y la sucesión de acontecimientos a través de los años y siglos es materia histórica que por mucha tierra que se eche encima para tratar de “borrar la memoria”, siempre vendrán arqueólogos que cuidadosamente reconstruirán los campos de batalla.
El respeto a la vida tiene carácter universal y debe concretarse desde su concepción hasta su ocaso natural. La familia se configura como la célula primaria y vital de la sociedad de quien dependen su salud y su fortaleza. Para
Finalmente, Bertone se refirió, cómo no, a
Con ocasión de este viaje, el Presidente Rodríguez Zapatero recibió al representante del Estado del Vaticano, como lo hizo días atrás al primer ministro chino Wen Jiabao con el que ignoró la violación de los derechos humanos en el gigante asiático. En este caso hubo coincidencia en la afirmación de los derechos humanos. Solamente quedaron para un encuentro “a solas” el repaso de tres motivos de confrontación, la ampliación del aborto, la asignatura de Educación para